Menopausia y Ejercicio Físico

De forma general, la prescripción de ejercicio físico en la mujer mayor a 45 años en población sana y/o con factores de riesgo; se basa principalmente en actividades orientadas al mantenimiento o mejora de la capacidad aeróbica (mediante ejercicios que estimulen la función  cardiovascular) y actividades de fortalecimiento y fuerza muscular; es por eso que la actividad física para la salud depende de la etapa de la  vida y en la mujer mayor se combinan experiencias en diversas formas de expresión y que promueven el desarrollo físico y mental.

Los beneficios de la  actividad física programada y la  prescripción de ejercicio individualizada  siempre  superan considerablemente los  posibles riesgos  a los que  se exponen  por  su práctica.

 

Aspectos individuales a  tener  en cuenta:

Para la  prescripción del ejercicio en la  mujer  adulta  es importante  tener en cuenta las  características individuales de la mujer como: Composición corporal (% graso , %  grasa visceral, relación cintura - cadera), hábitos de vida, condición cardiorespiratoria.

Características endocrinológicas, Factores de riesgo cardiovascular, historia  clínica  de  buenos  hábitos, densidad mineral ósea, control  glucémico y/o resistencia a la insulina.

A través de  este  espacio presentaremos un abordaje médico  de las recomendaciones prácticas en relación a la actividad física y prescripción del ejercicio en la  mujer  durante las  etapas de Pre  y Postmenopáusica.

Los cambios  endocrinos  que  se producen en la  etapa  de la  menopausia   indican el  final de la  vida  reproductiva  de la  mujer, momento donde  aparece una disminución progresiva y gradual  de la   actividad ovárica y` por  lo tanto  se generan una serie  de  signos  y síntomas dependientes de la deficiencia de  estimulación estrogénica en órganos  blancos como la  masa muscular, el sistema  cardiovascular y el tejido  graso entre  otros.

Las personas  físicamente activas   viven más años  que las  sedentarias y con mejor calidad de vida. Con el ejercicio físico se reduce la posibilidad de sufrir  un infarto del miocardio o cerebral, osteoporosis, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, aumento del colesterol sanguíneo, exceso de peso o cáncer de colon.  La práctica de ejercicio físico mejora el humor (cuesta más  deprimirse) y ayuda a tener un mejor  patrón del  sueño y mantiene un hábito intestinal adecuado.   

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