Sexualidad en la menopausia

En la población colombiana se estima que dentro del 33% de las dificultades sexuales, el 12% son secundarias a Trastornos del Dolor Sexual (coital); cifra que alcanza hasta el 57% en la postmenopausia.

El trastorno del dolor sexual (dispareunia) se suele clasificar en primario si está presente desde la primera relación sexual, o secundario si se experimenta por vez primera posterior a previas relaciones sexuales sin dolor. Si bien la dispareunia (superficial y profunda) y el vaginismo suelen ser los trastornos del dolor sexual más reconocidos, también existen la vulvodinia, la vestibulitis y el Trastorno del Dolor Sexual No Coital (en presencia de cualquier estimulo sexual sin involucrar penetración).

La dispareunia en la mujer en la postmenopausia, en gran medida, está asociada a dificultades orgánicas; destacándose en primera medida el síndrome genitourinario de la menopausia (atrofia y sequedad vaginal por déficit de estrógenos) y sus complicaciones. No obstante, puede asociarse a otras causas como: vulvovaginitis, infecciones de transmisión sexual, efectos secundarios de medicamentos (betabloqueadores, hormonas, etc.), enfermedades de la vulva (dermatosis, liquen, etc.), posterior a cirugías o a tratamientos médicos (secuelas obstétricas, episiotomía, cicatrices, deformaciones del introito, etc.) 

Por otro lado, los conflictos psicosexuales, lejos de circunloquios enrevesados, coexisten como generadores de dificultades sexuales, relacionados con el aprendizaje sexual (escasa información previa, sentimientos de culpabilidad, conflictos de pareja, ambiente inapropiado, relaciones previas dolorosas, estrés, etc.) 

A diferencia de lo que la mayoría de las mujeres creen, el tamaño del pene, como causa de dispareunia, es menos del 1%. En presencia de un gran tamaño y grosor (en erección mayor a 21 centímetros de largo y 15 centímetros de circunferencia) no le genera dificultades mayores a una vagina saludable, ya que es un conducto fibromuscular elástico.

Al igual que muchas otras ayudas en sexualidad, los juguetes sexuales o eróticos, no son ninguna novedad; existen desde hace más de 2,500 años. Los antiguos egipcios, griegos y romanos los utilizaban con frecuencia para sus faenas íntimas, e incluso algunos datan de la edad de piedra. 

En las dos últimas décadas, en Colombia, ha crecido su uso en todo tipo de personas y parejas; ha ido en un creciente aumento y se ha extendido su utilización por curiosidad, sugerencia de amigas, la multiplicación de las tiendas sex shop o recomendación profesional (en mi ejercicio profesional son una herramienta más del arsenal terapéutico).

Una de las tantas definiciones que se tienen para la menopausia es el cese permanente de la menstruación,  por mas de 12 meses como resultado de la falla de la función ovárica sin otra causa evidente diferente a la edad de la mujer. En términos generales, sucede entre los 45 y 51 años con un promedio de presentación a los 49 años.

Según el DANE con su censo de 2018, en Colombia existen aproximadamente 42 millones de personas, teniendo como estimado final 45 millones y medio de personas viviendo en Colombia y de ellas el 51.6 % son mujeres y a su vez, de ellas, el 13% se encuentran por sobre los 50 años, lo que equivale a decir que en Colombia hay mas de 2.5 millones de mujeres en la etapa menopaúsica. [1] Igualmente la expectativa de vida de la mujer colombiana se ha incrementado calculándose en el momento actual por sobre los 77 años de edad.[2]

Dentro de los múltiples cambios que se producirán en el cuerpo de la mujer, producto de la acción hormonal deficiente, la esfera sexual es de fundamental importancia. De hecho una de las quejas importantes de la mujer en la etapa menopaúsica es el hecho de tener no solo alteración de la lubricación genital, sino franca  disminución del deseo sexual.

Uno de los tantos aspectos a investigar en la mujer menopaúsica que cursa con disminución del deseo sexual, es la calidad de la mucosa vaginal. Hasta hace poco menos de 5 años, se hablaba de vulvovaginitis atrófica, término que se ha cambiado por Síndrome genitourinario de la menopausia, el cual se define como la colección de síntomas y signos asociados con la disminución de estrógenos y otros esteroides sexuales que involucran cambios en los labios mayores y menores, clítoris, vestíbulo, introito, vagina, uretra y vejiga[3]. Cada uno de estos cambios puede generar per se una sintomatología especifica que se va a manifestar como incontinencia urinaria, dificultad para lograr lubricación genital a pesar de un estímulo erótico adecuado, dispareunia tanto en la penetración como postcoital e incluso sangrado vaginal.

 

En mi ejercicio profesional (ginecología, uroginecología y sexología), todos los días me encuentro con historias de asexualidad en la mujer madura (más de 45 años). Es sorprendente ver a la misma mujer asumir la menopausia como una época de «cero sexo». Es tan negativo el impacto que le connotan a este período de transición, que terminan por refugiarse y culpar de sus trastornos sexuales al simple hecho de hacerse mayores, como si ser ‘vieja’ fuera sinónimo de inútil para las actividades sexuales.

La mayoría de las féminas vive la menopausia como una etapa de conflictos sexuales: disminución del deseo, pobre excitación, falta de lubricación, orgasmo evasivo y corto, dispareunia e insatisfacción; con otro mayúsculo menester: los trastornos sexuales de la pareja. Una multitud de conflictos expresados en inconvenientes prístinos de altísima negatividad sexual.

En mi libro “Sexo Ilimitado / El vuelo hacia una sexualidad más placentera”, explico como la ausencia de diferenciación, entre placer y reproducción, -natural en la menopausia-, provoca que buena parte de las mujeres mayores, en tránsito por la menopausia, prefieran irse en primera opción con lo más fácil y probado por las abuelas: ¡adiós al derecho al goce!

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