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En mi ejercicio profesional (ginecología, uroginecología y sexología), todos los días me encuentro con historias de asexualidad en la mujer madura (más de 45 años). Es sorprendente ver a la misma mujer asumir la menopausia como una época de «cero sexo». Es tan negativo el impacto que le connotan a este período de transición, que terminan por refugiarse y culpar de sus trastornos sexuales al simple hecho de hacerse mayores, como si ser ‘vieja’ fuera sinónimo de inútil para las actividades sexuales.

La mayoría de las féminas vive la menopausia como una etapa de conflictos sexuales: disminución del deseo, pobre excitación, falta de lubricación, orgasmo evasivo y corto, dispareunia e insatisfacción; con otro mayúsculo menester: los trastornos sexuales de la pareja. Una multitud de conflictos expresados en inconvenientes prístinos de altísima negatividad sexual.

En mi libro “Sexo Ilimitado / El vuelo hacia una sexualidad más placentera”, explico como la ausencia de diferenciación, entre placer y reproducción, -natural en la menopausia-, provoca que buena parte de las mujeres mayores, en tránsito por la menopausia, prefieran irse en primera opción con lo más fácil y probado por las abuelas: ¡adiós al derecho al goce!

Es mohíno que algunas mujeres, -a las cuales se le nota la fobia sexual a distancia-, combinen una curiosa hazaña de estar simultáneamente en menopausia y mal acompañadas; aunque variopintos, son muchos más los motivos que se disputan su asexualidad: disminución en la producción de estrógenos, angustia, estrés y depresión -propios de esta etapa-, inseguridades, mala calidad de la relación de pareja, miedos, pudores, traumas, etc.

Se podría afirmar que la triada: menopausia, falta de autoestima y trastornos sexuales, les generan a las mujeres, irreversibles deterioros a su sexualidad; sin embargo, son pocos los argumentos para entregarse indiferentes a un extraño ascetismo, -impropio de las personas-, como es la asexualidad; puesto que la mujer se hace madura y envejece, pero no hay razón para clausurar la intensidad de su placer sexual. Eso va más allá del sustrato biológico, psicológico y social.

En mi opinión, la menopausia se constituye en el eslabón que une a la juventud con la madurez; un periodo inagotable de sueños, con tantas oportunidades como se deseen, que conjugan experiencia con disposición, y principalmente, con placer sin reproducción.

La mujer no debe renunciar, en ningún momento, ni mucho menos fingir que no le interesa el sexo. No en balde hay sexólogas y demás profesionales que consideran la sexualidad en la mujer madura, un requisito positivo para disfrutar y no para engavetar; pero tampoco debe ser obligada a ello, si no es su interés, aunque no está demás una asesoría profesional. 

 

Doctor Franklin José Espitia De la Hoz.