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**AUTOPSIAS AL AIRE LIBRE

Por   Israel Díaz Rodríguez

El área  en donde funcionaba el hospital San Juan de Dios – hoy de la Misericordia – además de la edificación  con sus pabellones para los diferentes servicios que prestaba, años cincuenta,  estos eran . Medicina general, Pediatría, Obstetricia, Ginecología, Medicina Interna, Cirugía general, Emergencia, pabellón donde se alojaban las monjas, que para la época, eran las que actuaban como enfermeras jefes de cada servicio; una sala de cirugía y las oficinas   para el Director y secretaria, olvidaba el Laboratorio clínico, cuya jefe era la muy eficiente y apreciada bacterióloga Maruja Pacheco..

Además de dichos pabellones y oficinas, tenía un amplísimo patio  que servía para el secado de la ropa tanto de cirugía como los uniformes de las monjas, allí también se secaban los guantes que al ser usados, no se desechaban sino que eran lavados, puestos a secar al sol, luego eran envueltos en papel periódico para finalmente ser esterilizados en el autoclave.

Además, como no existía en la ciudad una oficina  de Medicina Legal, ningún lugar apropiado para verificar las autopsias que con alguna frecuencia eran traídos  al hospital,  muertos  por reyertas no solo de la ciudad, sino los que traían de los pueblos vecinos, sobre todo en épocas de fiestas patronales. Donde nosotros los médicos que prestábamos servicios allí, se nos asignaba la tarea de practicarlas a cielo abierto. Como la pared que delimitaba el patio con la calle no alcanzaba el metro de alto,  los transeúntes se detenían a presenciar el trabajo que nosotros ejecutábamos en los cadáveres.

Aquel trabajo que nosotros hacíamos con el mejor de los esmeros, servía a la gente que andaba por allí de espectáculo gratuito, macabro para muchos divertido para otros. No dejaba de ser para nosotros los ejecutantes, una manera de demostrar nuestras habilidades de expertos cirujanos; la aglomeración de curiosos era tal que a veces alguna autoridad del hospital tenía que intervenir pidiéndoles compostura y silencio.

Esto de hacer nosotros las autopsias, nos trajo muchísimos  problemas personales que  llegaron a ser motivo de pleitos con abogados de la ciudad. Estos,  en su afán de ganar sus pleitos, pusieron en duda nuestros diagnósticos que se ajustaban a lo encontrado durante el procedimiento, en muertos por tiros de revolver, escopeta y hasta de fusil, amén de los más por armas corto-punzantes y hasta elementos contundentes.

Personalmente fui acusado por un “leguleyo” de haber alterado el dictamen de lo encontrado en el cadáver de un hombre  que había sido asesinado en un corregimiento cercano a Magangué. Este “picapleitos”  reconocido en toda la comarca  como un hombre  que apenas había cursado la primaria, sin ninguna formación académica, carente de moral y más aún de ética, se valía de testigos falsos y de cuanta trampa era necesaria para justificar sus alegatos.

Demás  está decir que su acusación se la llevó el viento puesto que era su palabra  y su desprestigio, ante lo mío a quien todo el mundo apreciaba por el debido respeto que me había ganado  por mi  proceder ante una sociedad que bien supo establecer la diferencia.

El pasado 20 de octubre los doctores Fabio Sánchez y  Jaime Barrios visitaron en su casa en la ciudad de Barranquilla, al doctor Israel Díaz Rodríguez. Un reencuentro hermoso, lleno de muchos años de amistad, de trabajo y de un construir por las mujeres maduras colombianas.

 

 

Al día siguiente en compañía de los doctores Norella  Ortega (Presidente del Capítulo Atlántico), Luis María Murillo (Secretario Capítulo Bogotá) fuimos a entregarle la medalla que mediante Resolución N. 003 de 2019 le había sido otorgada por el entonces Presidente, Dr. Frank José Ospina, en conmemoración de los 25 años de actividades de nuestra Asociación, por su trabajo realizado  en beneficio de la mujer colombiana.  Quiero comentarles, que fue un momento muy emotivo, lleno de sonrisas, de lágrimas, mucho cariño y maravillosos recuerdos, en donde también se le hizo entrega de la camiseta de nuestra Asociación y se le comentó en que estábamos trabajando y la situación con respecto a la Terapia Hormonal de la Menopausia.  De esta reunión queda un recuerdo adicional, una grabación con sus palabras.

 ***EL DOCTOR  TELLO

Por Israel Díaz Rodríguez

El bus que nos trajo de Cartagena a Magangue llegó a eso de las dos de la tarde, era de aquellos de los años cuarenta  tipo escalera sin aire acondicionado,  sudábamos  copiosamente y como la carretera mas era el trayecto que tenía destapado, el polvo que levantaba el mismo vehículo más el que producían otros que viajaban en vía contraria, al  terminar la jornada llegamos  tan sucios que dábamos lástima.

Como estudiantes de medicina – habíamos terminado el quinto año –  nos sentíamos médicos capaces de curar fiebres palúdicas, catarros comunes y una que otra dolencia, sobre todo en los niños, Nicolás y yo salimos de Cartagena con rumbo a un próspero pueblo de las Sabanas de Bolívar a “ejercer, - esta era una costumbre de todo estudiante de medicina para ganar algo  y con ello pagar la matrícula;  -ya en Magangue  nos embarcamos en un camión  que movilizaba carga y pasajeros  cuyo propietario era a la vez el conductor quien irresponsablemente  se pasaba toda la mañana en el  bar “El Imperial” tomando cervezas,  por supuesto, en la tarde estaba borracho y así manejaba. 

Como el camión era descapotado, bajo los rigores del sol, apretujados  sentados en los bultos de sal, arroz o lo que fuere de la carga, sudábamos a chorros y para ese  entonces, entre Magangue y dicha población, no había carretera, sino un camino de herradura de manera que por ser tiempo de lluvia, ya no era polvo lo que recibíamos sino barro físico, así hechos una miseria, llegamos a la casa de Don Rogelio que era y fue nuestra posada mientras trascurrieron los tres meses de ejercicio profesional y vacaciones.

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